19/7/16

Dictador encubierto.

Cada vez que, de forma general, hablamos o pensamos en un dictador o una dictadura, siempre pensamos en un régimen totalitario, con policía o militares poniendo órden entre la gente, con represión totalitaria, con muertos, campos de concentración.... pero ojo, esto no tiene porque ser así. No hay nada más peligroso que un dictador en potencia, o un dictador encubierto. Y para esto tenemos que estar prevenidos.


Voy a destacar una serie de características que se dan en todo dictador que se precie, como Maduro o Castro, pero también en los dictadores encubiertos, que son dictadores en potencia contra los que debemos revelarnos.


El dictador encubierto goza de menor seguridad en su posición que un gobernante con talante democrático. El rasgo más característico de la personalidad de un dictador encubierto es la paranoia. Viven afectados terriblemente por la intranquilidad y la angustia.


El dictador encubierto siempre piensa que todo el mundo está equivocado, que todo el mundo está contra él, que solo su palabra y su pensamiento es la verdad, la única verdad, la verdad absoluta. Los demás se equivocan y solo piensan de forma distinta o diferente para destruirle.


El dictador encubierto no quiere tener equipos de personas dispuestas a trabajar de forma conjunta. El dictador encubierto quiere palmeros que le hagan la ola cada vez que estornuda,  que nunca puedan llevarle la contraria, que pongan flores por donde pisa y que siempre defiendan lo que él dice, pues como ya he expresado con anterioridad, la verdad absoluta la tiene él y nadie más que él.


El dictador encubierto piensa que el que piensa distinto, el que pueda rebatirle una idea, el que pueda llevarle la contraria en un momento determinado, es su enemigo y hay que destruirlo.


El dictador encubierto, a través de su discurso, crea una tremenda polarización que tiene su raíz en el modo de actuar como mandatario, que no parece ser Jefe de todos, sino jefe de un partido determinado y dentro de ese partido, solo de los que le apoyan y no le discuten ni le llevan la contraria. Considera como suyos, o como representados, sólo a quienes son de su partido, y dentro de los de su partido, solo a los que le dan la razón siempre, que para eso tiene la verdad absoluta, o  a quienes lo siguen. A eso se le añade el modo despótico como ejerce la autoridad.


Hay que tener claro que la persona que suele quejarse de que todo el mundo está contra él puede experimentar rabia, ira, tristeza, amargura, o desconfianza, entre otras emociones negativas. Las cuales pueden provocar respuestas iracundas, hasta violentas hacia otras personas, o caer en estados depresivos y ansiosos. Este es otra de las características del dictador.


Uno de los más graves problemas del dictador encubierto es el ego. El ego, suele aparecer para defender con vehemencia el tener la razòn; quien distorsiona e interpreta dando un significado que no posee. No escucha ni permite la reflexiòn ya que relaciona la expresión que ha escuchado o el gesto que ha visto con su valìa personal con la falsa creencia de ser perfecto.


El dictador encubierto siempre se opone a que los demás busquen respuestas por sí solos en vez de tragar sumisos la doctrina de rigor. No hay debate en eso. Es sólo el ataque de costumbre.


Para un dictador encubierto, la entrevista en medios de comunicación es un altavoz propagandístico no un medio para dar información. Cuando ellos son entrevistados, se escandalizan si las preguntas no se hacen estrictamente para su lucimiento. Cuando los entrevistados son sus rivales, dan por hecho que el periodista hará de grabadora humana porque para eso, y no para otra cosa, están las entrevistas.


Estos son, creo yo, unos cuantos rasgos característicos de los dictadores encubiertos. Y ante esto, tengamos cuidado y si los tenemos cerca, hagámosle frente, por el bien de la libertad y la democracia. Por el bien de todos.


Cuidado con los Chavez y los Castro encubiertos. Las copias, y más las encubiertas, suelen ser incluso peor que las originales.... véase Maduro como ejemplo.

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