1/9/15

Falta de cultura democrática.

Soy de los que creo que la España democrática tiene dos velocidades. La primera, la de los ciudadanos, personas con una madurez y una cultura democrática más que demostrada. La segunda, la de los partidos políticos y los políticos que los dirigen en la actualidad, con una incapacidad total de seguir el ritmo de los ciudadanos, alejados a más no poder de la realidad, y con los pies muy lejos del suelo, demostrando su falta de cultura democrática.

En España, los partidos políticos y sus dirigentes actuales demuestran su falta de cultura democrática en puntos concretos. De ahí que, por ejemplo, no lleven a cabo una Ley de Primarias y no quieren desbloquear las listas electorales para que los ciudadanos podamos elegir directamente a quien queremos que nos represente. Déficit democrático descomunal, que como ejemplo, vale.  

La cultura democrática es algo que los ciudadanos demuestran, pero que los partidos políticos, los gobiernos y los políticos que actualmente dirigen ambas, no, pues para empezar, no deberían olvidar que en su condición de representantes de la ciudadanía, en una lista bloqueada, están obligados a rendir cuentas sin trasgredir los límites marcados por las Leyes.

A los actuales dirigentes les resulta sencillo gobernar en democracia debido a la cultura democrática que sí tienen los ciudadanos, pero no tienen ni pensado adquirir o demostrar madurez democrática, la cual ellos entienden como un día de elecciones y cuatro años del todo vale, sin transparencia, sin dar explicaciones, sin escuchar a sus afiliados y a los ciudadanos con la única intención de arrinconar o expulsar a quien no piense o discrepe con la cúpula reinante, respondiendo, en todo caso, a la élite de los otros partidos, pero nunca a los afiliados de sus partidos ni a la ciudadanía.

El actual sistema electoral tiene que ser reformado de forma urgente, y no solo para que Gobierne la lista más votada, que también. Hay que desbloquear las listas electorales y llevar a cabo una Ley de Primarias que garantice este proceso en todos los partidos. Madurez democrática y algo que piden los ciudadanos y los afiliados a los partidos. 

Esta falta de cultura democrática, sobre todo en los dos grandes partidos y sus dirigentes, está haciendo que cada vez los ciudadanos les voten menos. Eso es información, no opinión. Y lo peor de todo, llegará un momento en que, de no hacer las reformas necesarias en regeneración democrática, esto podría estancar el país.

¿Y cómo funcionan los partidos tradicionales? Pues básicamente sin ningún tipo de democracia interna, candidaturas alternativas o/y debates de ideas (o de lo que sea). En el PP está claro que quien manda es Rajoy y nadie más que él, porque aunque pueda delegar mucho o poco en otras personas (“favoritos”) lo cierto es que todo el poder emana del líder. A lo que más se parece el PP es a  la corte de Luis XIV, con Rajoy en lugar del Rey Sol, ya que bien podría decir “Le parti c´est moi”.  

El PSOE es un caso un poco más complejo porque se ha dado cuenta recientemente de que la democracia interna –y esta es la gran novedad- empieza a ser valorada por la ciudadanía, y que por lo tanto algo hay que hacer al respecto. Pero se lo cree solo a medias, especialmente “el aparato”. De ahí las diferencias entre las primarias que han ido celebrando (el primer elemento de democracia interna que se introduce porque es el más evidente). Unas veces parecen casi verdad, otras parecen de mentirijillas y otras no se sabe. 

Las razones de la falta de democracia interna de los partidos son un poco largas de explicar y aquí carezco de tiempo para hacerlo. Pero, para ser sinceros, tampoco la ciudadanía española se la había exigido nunca a sus partidos. Más bien lo contrario, premiaba el monolitismo y castigaba la “falta de unidad” (léase el debate y la disidencia). 

Pero ahora las cosas están cambiando y muy rápido. Por consiguiente, tanto un partido regeneracionista como un partido rupturista que quieren “empoderar” a la ciudadanía tienen articulados mecanismos que permiten aumentar la democracia interna (que por supuesto no se reduce a las primarias) y canalizar la participación política de, al menos, sus afiliados y simpatizantes. 

Pues bien, los partidos tradicionales deben alcanzar la madurez democrática suficiente para poder alcanzar la velocidad a la que van los ciudadanos y sus afiliados. Y esto no es tarea fácil, a veces porque falta la cultura, costumbre, experiencia o tradición necesaria, en otras porque resulta complicado articularlo  bien cuando descendemos a la letra pequeña, y otras veces simplemente porque se puede poner en riesgo la propia funcionalidad o incluso la existencia del partido.

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