11/9/15

El gran miedo a las primarias es el gran miedo a la democracia y a la libertad.

En los últimos tiempos una palabra parece haber tomado protagonismo político: Primarias.

Los que tantos peros ponen a las primarias están defendiendo un sistema opaco que no representa, no ya a la ciudadanía, sino ni siquiera a los afiliados de los partidos políticos, que abogan por una mayor participación en sus partidos y por una mayor democracia interna.

Y esto ha desatado las alertas y han puesto en guardia a las cúpulas de los partidos y sus guardianes del orden.

Por eso, cuando hablamos de Primarias rápidamente aparece el “sí, pero…” Sí, pero: no son la panacea, son un invento americano, hay que poner límites, no todo vale, solo para algunas responsabilidades... etc.



Es entonces cuando uno se da cuenta de lo que cuesta tomar riesgos cuando más se necesita. La configuración actual de los partidos políticos no convence a nadie, ni siquiera a los propios afiliados.

Sin embargo, cuando hay que apostar por el cambio e intentar superar la crisis de representatividad y legitimidad existente, vienen los peros, y todos los miedos y prejuicios. El inmovilismo triunfa.

Y en este tema, el de las Primarias, se ve muy claro. Hay organizaciones, como el PP, para las que no existen. 

Pero, ¿el resto? De una manera u otra todos dejan claro su desconfianza en la participación y ponen rápidamente el freno de mano. Y así, no vamos a ningún sitio, anquilosados en un sistema electoral y una forma de elegir los candidatos más propios de la edad media que del Siglo XXI. Y si el candidato que sale elegido por los afiliados no gustan a la dirección del partido, pues se lo quitan de enmedio. De ahí la necesidad de una Ley de Primarias que regule este sistema y de sustento legal al elegido en las urnas por los afiliados.

Y se trata de eso. Se trata de construir las organizaciones del siglo XXI, espacios que trabajan en abierto y con la participación de cualquier afiliado que se sienta concernido en la acción, en la causa concreta. Organizaciones en las que nos unen los objetivos políticos, organizaciones en las que importe dónde vamos y no de dónde venimos. 

Y es solo una cuestión de democracia interna de los partidos. La cuestión es que no se puede representar a quien se teme, a quien no se entiende. No se puede hablar por quien se desconfía porque no hay que hablar por nadie. Ya no valen los despotismos ilustrados. Es mejor escuchar. 

En política, no puede ni debe haber “zonas de confort”. Es el momento de que las cosas cambien. Sin miedo. Por una Ley de Primarias el desbloqueo de listas electorales.

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