2/12/14

La necesidad de democracia interna.

Actualmente, en España y en casi ningún sitio más de Europa, los partidos políticos, y muy en especial el Partido Popular, se rigen por una verticalidad heredada de Europa justo después de la II Guerra Mundial, que hace imposible el acceso de los afiliados de base a las tomas de decisiones en el interior del partido, algo que no hace más que alejar, y mucho, lo que es y debe ser un partido con democracia interna.

Es dificil comprender, que en pleno siglo XXI, se siga con un modelo de partido tan anticuado y, sobre todo, en contra de lo que opina y desea la mayoría de los afiliados.

Jurídicamente, en el capítulo dos de la Ley Orgánica 6/2002 de 27 de Junio de partidos políticos, viene reflejada la democracia interna de los partidos. Pero esta Ley no se aplica. En los grandes partidos, la oligarquía y el cerrar el partido para no evolucionar hacia una democracia moderna, hacen que la democracia interna y los derechos y deberes de los afiliados sean vulnerados, pues están totalmente fuera, muy alejados, de las deciciones del partido, por lo que no pueden decidir ni el candidato, ni los cargos, ni la organización del partido.

Hay que tener un sistema con partidos políticos abiertos, y dejar de lado la actual dedocracia y los afiliados no pueden decidir quien quiere que les represente.

Un sistema de primarias, bien organizado, permite que las estructuras del partido se regeneren cada vez que los afiliados, parte esencial y principal de los partidos, quieran. Es bueno que aparezcan nuevas caras elegidas por los afiliados para mantener la confianza de las bases en el partido y que los candidatos y los cargos tengan que ganarse el puesto que un discurso que convenza a sus afiliados. Que si un candidato lo hace mal o los cargos no cumplen, tengan que pasar una reválida obligatoria ante sus afiliados, sin que quepan patrocinios... eso es democracia interna.

Hay multitud de libros y escritos sobre este tema. Un libro de un escritor llamado Fraenkel, analiza la evolucion de distintos sistemas democráticos, y ya analiza cuales son los peligros de una falta de democracia interna en los partidos políticos. Concretamente dice que si no hay ciertos correctores, los partidos van convirtiéndose en una casta oligárquica que se adueña de la propia democracia. Y lo hemos vivido, y lo seguimos viviendo.

En el mismo libro, Fraenkel asumía como de las mejores la democracia interna de los partidos en USA En España, en la transición hubo un gran miedo a la inestabilidad y se optó por un sistema político con recia disciplina interna, listas cerradas y, además, el mandato constitucional de democracia interna en su funcionamiento se ha interpretado de manera muy laxa y sólo en tiempos muy recientes han empezado a surgir partidos que recogen el mecanismo de las primarias para elegir a sus cargos. Este blindaje del aparato de los partidos ha facilitado la degeneración que hoy día vivimos.

Es por ello que en la actualidad los partidos oligárquicos sufren un descenso prologando de la intención de voto y un alejamiento de su electorado en contraposición del auge de aquellos grupos minoritarios con mayor interacción interna.

La implantación de la democracia interna, ya sea para la toma de consideración en las decisiones como para la elección de candidatos y cargos es hoy la asignatura pendiente en el Partido Popular. Como muestra, un botón: a día de hoy somos el único partido que sigue sin conocer los candidatos a las elecciones municipales autonómicas y, mucho me temo, que seguiremos siendo el único partido en el que esos candidatos no serán elegidos por los afiliados.



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