12/7/10

El cuerpo de nuestra vecina Lidia Monjas fue confundido en su traslado hacia nuestro País.

Un error fatal en la identificación de los cuerpos en origen, en Perú, ha añadido mayor dolor y conmoción a las muertes el pasado martes, en accidente de tráfico, en plenos Andes peruanos, de cuatro cooperantes de nacionalidad española, una de ellas la valenciana María José Such, vecina de Navarrés, cuyo cuerpo fue confundido con el de otra de las fallecidas, de Alcorcón. El sábado por la noche, familiares y amigos de la joven, así como decenas de vecinos, esperaban en esta pequeña localidad que da nombre a la comarca de La Canal de Navarrés la llegada del féretro con sus restos. Ya entrada la madrugada, durante el reconocimiento, los familiares se percataron que el cuerpo no era el de María José, a pesar de que la documentación que acompañaba los restos era la correcta.

En el pueblo, que se preparaba para el funeral, el error cayó como un mazazo
Paralelamente, la familia recibió la llamada de los padres de otra de las cooperantes, la madrileña Lidia Monjas, vecina de Alcorcón, cuyo cadáver tampoco correspondía al del féretro que les habían entregado. Ni las familias, todavía de viaje a Perú, ni los cooperantes supervivientes, hospitalizados, pudieron comprobar las identidades previamente a su salida del país andino. El hecho fue denunciado la madrugada del sábado en los juzgados de Xàtiva. La respuesta judicial y de los equipos de la policía científica fue rápida: en la tarde de ayer, pasadas las cinco, se hacía la correcta identificación de los cadáveres. Y anoche se esperaba que las familias pudieran recibir los restos mortales para que hoy, a las 10.00, se celebre por fin el funeral. Las voluntarias fallecidas, así como los otros cooperantes que sobrevivieron al accidente, entre ellos tres jóvenes de Xàtiva, trabajaban en varios proyectos de cooperación en Cuzco y alrededores.

Pese a la rápida resolución del desaguisado, el golpe en Navarrés, un pueblo todavía en estado de shock por la muerte de una de sus vecinas más apreciadas, fue tremendo. Y en la familia y los amigos, devastador. En el pueblo, que se preparaba ayer para el funeral, la noticia del error cayó como un mazazo. Un bando municipal emitido a las nueve alertaba a los vecinos de la situación y de que el entierro, previsto para las diez de la mañana, iba a suspenderse. Poco más tarde, decenas de personas se fueron congregando ante la casa de los padres de la joven. Hacia las diez y media, Javier Fuertes, primo hermano de María José y que está ejerciendo de portavoz, leía un comunicado en el que se daba cuenta de lo que había pasado, agradecía "el apoyo incondicional de las autoridades locales y a todas aquellas personas que han colaborado", al tiempo que pedía "respeto por la intimidad de la familia". Durante las últimas horas un equipo de la ONG Psicólogos Sin Fronteras, completado con un psicólogo adscrito a la Mancomunidad de La Canal de Navarrés, ha apoyado a la familia y coordinado la comunicación. La sensación era de frustración y de preocupación por las familias. Las previsiones iniciales no eran optimistas.

El alcalde de Navarrés, Vicente Huesca, avanzaba, con la información de que disponía, que el proceso de identificación se podía prolongar un par de días. Alguno más si se practicaba la prueba de ADN. Paradójicamente, el proceso de repatriación de los cuerpos desde un país tan lejano como Perú se había cumplimentado en un plazo razonable de tiempo, como confirmaban a EL PAÍS personas vinculadas a la cooperación. La noticia, por la tarde, de que se habían acortado los plazos, resultó ligeramente balsámica. Hoy está previsto que los restos de María José reciban sepultura. Educadora social en un centro de menores de Xàtiva, y colaboradora de una asociación de minusválidos, jovial y comprometida, era una persona muy apreciada en Navarrés. Aunque las autoridades locales propusieron cancelar la emisión de la final de la Copa del Mundo en una pantalla gigante instalada en el pabellón municipal, la familia insistió en que se celebraran todos los actos previstos.

Mientras, los heridos de Xàtiva continúan recuperándose. El marido de María José, Alan Santonja, de 34 años, sigue grave, con traumatismo y una fractura en la base del cráneo. Pero su evolución es positiva y comienza a estar consciente. El otro matrimonio, Silvia Albert y Sergio Serra, ambos de 33 años, están fuera de peligro. Silvia sufrió un ataque de ansiedad a la llegada de sus familiares a Perú, sin mayores consecuencias.

El País.

1 comentario:

Anónimo dijo...

De coña marinera.
Si no fuese trágico para las familias, sería digno de un programa de Buenafuente, o del Flo.
¿Dónde están ahora los palmeros del Yakolev?.
Lo de siempre, lo ancho para unos y lo estrecho para otros.