1/11/09

En la actualidad los partidos políticos ofenden el sentido común.

Cada día más, l@s ciudadan@s desconfiamos de nuestra clase política, pero les votamos... cada vez menos, bien es cierto. Cada caso de corrupción suscita un aumento de esa desconfianza. La clase política está bajo sospecha. Esté alerta: la clase política ejerce el noble arte de la estafa. Y está especializada en la peor forma de estafa: la promesa incumplida, la estafa moral.

Si cada día se inspeccionara en profundidad la concejalía de urbanismo de cualquier pueblo, municipio o ciudad, se descubrirían, casi inevitablemente, irregularidades que pudieran oscilar entre la incompetencia y la estafa pura y simple. No se hace porque se sabe lo que se va a encontrar. El político honesto es hoy una excepción y, seguramente hay alguno a título de excepción. La clase política está bajo sospecha.

Ocurre diariamente y lo percibimos cada vez que le dan a un político la oportunidad de aparecer en un medio: ofenden, sin el más mínimo recato, nuestro sentido común. Retuercen los argumentos en beneficio propio hasta distorsionar la realidad y convertirla en irreconocible. Están permanentemente en campaña electoral, visiblemente preocupados por su poltrona y su barriga, intentando seducirnos con sus tópicos y sus justificaciones. El problema es que treinta años de democracia son muchos como para no suscitar desconfianza. Hace unos años podíamos preguntarnos si ¿no estarán tomándonos el pelo?. Hoy, esa duda, se ha convertido en una certidumbre.

¿Cómo los partidos ofenden el sentido común?Las técnicas son muchas y multiformes.
1)Nos prometen en períodos preelectorales lo que no han sido capaces de hacer cuando estaban en el poder.

2)Tienden a eludir responder concretamente a preguntas directas y recurriendo a subterfugios.

3)Justificando los datos negativos con argumentos "iniciáticos" e incomprensibles.

4)Atribuyéndose todos los éxitos en propiedad y todos los fracasos a la tarea de la oposición. Suelen ansiar las inauguraciones en períodos electorales, aun cuando el proyecto pertenezca al gobierno anterior de otro partido. Así mismo, atribuyen todos los fracasos a la gestión del anterior gobierno.

5)Descargan responsabilidades en otros niveles administrativos.

6)Los políticos son más previsibles que un reloj suizo. Cada día, cuando sus portavoces dan la consiguiente rueda de prensa, asistimos a la ceremonia de lo irracional: es posible prever lo que van a decir conociendo simplemente la lógica con la que se mueve ese partido.

7)Todos cultivan la moderación y atribuyen el radicalismo al oponente. Decir las cosas claras, por ejemplo, se considera una intolerable forma de radicalismo o de catastrofismo. Todos buscan el espacio centrista en el que están los caladeros de votos que dan o quitan mayorías absolutas.

8)Ofrecen promesas que no pueden ser cumplidas.

9)Negarán siempre que la corrupción sea algo que les afecta al otro partido, nunca al propio. Siendo así, pedirán la cabeza, las "responsabilidades políticas" (que nadie sabe exactamente en qué consisten) y la dimisión, pero si se comparte sigla con él, lo que procederá es pedir "presunción de inocencia" y alegar que "los otros más".

10)Apelando a los tópicos de moda en ese momento.

11)Obstinándose en no reconocer ninguno de sus errores. El político nunca se equivoca, por tanto nunca dimite. Su infalibilidad es proverbial y palidece la del Papa que, en el fondo, solamente es en materia teológica. La infalibilidad del político es integral.

12)Demostrando que allí donde van arrasan.

13)Afirmando en la noche electoral que, sea cual sea el resultado, han triunfado.

14)Negarse a reconocer que se desea el poder para mejorar la propia situación personal. Sabido es que los grandes negocios se hacen a la sombra del poder y que un sector de la clase política se ha habituado a cobrar comisiones en lugar de trabajar. El ejercicio del poder se ha convertido en un medio para servirse "del pueblo" en lugar de "servir al pueblo".

Siguiendo todas estas técnicas, la clase política sigue trampeando elecciones y encaramándose al poder en medio de una indiferencia cada vez más generalizada, soportando unos índices de abstención crecientes y la hostilidad de una parte de la población que exige opciones nuevas, estilos nuevos, honestidad, sinceridad y claridad. Y eso, la clase política de los partidos mayoritarios ni puede, ni está dispuesto a consentirlo.

1 comentario:

Pedro García dijo...

Amigo Pedro:

Un EXCELENTE artículo sobre nuestra actualidad nacional y creo que más o menos aunque en diferentes escalas, será igual en todo el mundo el asunto este de las corruptelas políticas que se traducen a tantas cosas, como recoges en tu decálogo.

Todos nuestros políticos y de todos los colores nos prometen y prometerán siempre, sobre todo en periodos electorales, donde cantan en sus mítines como bien dices, lo de siempre:
“Todo por el pueblo”
pero en los pliegues de su conciencia ya anidan sus bastardas intenciones:

“Pero sin el pueblo”

Son de todo lo peor, torticeros, estafadores, distorsionadores de la realidad y ante estos hechos cuando se producen se dan golpes de pechos y pronuncian el tú más, en lugar de mirar la paja en el ojo ajeno, no se miran la viga en el propio. Esto lo estamos viendo día a día.

¿Quiénes son los culpables de que todo esto suceda? Yo lo tengo claro, nosotros, la masa borreguil que criticamos solapadamente, pero que no buscamos soluciones, ni sabemos enfrentarnos a todo esto. Y no digamos los medios de comunicación que están aletargados, dormidos, pero a buen seguro percibiendo favores, callan como zorros, cuando les interesan, ante tal o cual fuerza que sea de su cuerda, o que bien les recompensen.

Aún así quiero pensar que hay todavía algunos políticos honrados, pero muy pocos, porque el termino honrado abarca muchas cosas, no solamente que no roben, que sean íntegros, justos, ponderados, equilibrados, al margen de sus colores políticos y que el fin sea su entrega a los ciudadanos de forma desinteresada y con una meta clara y sincera que sea el bien común.