14/11/09

El hooligalismo político separa al vecin@ de los partidos políticos.

Una de las peores cosas que se puede hacer en política municipal para convencer a “terceros”, es decir, vecin@s que no tienen una adscripción ideológica fuerte a ningún partido o candidat@ es practicar el hooliganismo: “mi partido todo lo hace bien” “grácias a mi partido se hace esto y lo otro” sin un atisbo de autocrítica o de criterio individual y separado del de la propio organización.

Lo más fácil para conseguir que alguien se sienta desafecto de la política es que alguna persona se acerque con un criterio diferente al del partido de un militante y este le responda con sectarismo sin fisura para la crítica. Algo bastante común entre los que son militantes porqué una actitud distinta necesita una cierta madurez personal y política que en algunos casos no se tiene la oportunidad de adquirir.

Las propias estructuras partidistas tienen enormes dosis de rituales que consiguen reforzar “la unidad”, el culto al líder (para luego, cuando cae en desgracia, lanzarlo a la hoguera del olvido), el sentido de colectivo, que tiene cierto aspecto positivo pero que tiende a anular la disidencia. Las organizaciones políticas no están preparadas para un@s militantes con sus criterios individuales aplicados hasta las últimas consecuencias... y eso es algo que cualquier activista encontrará.

Es la dicotomía entre pertenecer a un colectivo para conseguir objetivos políticos compartidos y que este colectivo se oponga a la disidencia y el pensamiento libre y transparente. Pero esto va más allá de lo que pretendo exponer en este artículo.

El que suscribe aspira a que la política municipal, algún día, permita ese aire fresco de autocrítica. Yo espero que este intento no sea la única fuerza que potencie la visión abierta, transparente y autocrítica de las organizaciones políticas, porqué por si sólo no lo conseguirá.

Cuando l@s activistas políticos se dan cuenta que ellos tienen el poder de controlar parte de la agenda comunicativa a través de los nanomedios y la nanocomunicación (webs, blogs, facebook, etc) y de l@s vecin@s de dirigirse a ellos a través de esto existe una pequeña esperanza que la política municipal supere la política del escándalo y del hooligalismo.

Igualmente, hoy en día el efecto de la política del escándalo es algo que forma parte del 90% de la política mediática que recibimos y los mass-media siguen teniendo una gran capacidad de establecer estados de opinión, aunque la esperanza de internet como fuente donde los votantes menores de 40 años se informan comienza a ser algo más que una tendencia, sigue existiendo el gran peso de la “política del escándalo” de la que además, no está exenta internet ni la nanocomunicación.

En definitiva, podemos hacerlo bien o mal, pero como no cambiemos las actitudes y problemas subyacentes de la política la desafección seguirá siendo el mal endémico de la política del siglo XXI.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Más razón que un Santo.