18/9/09

Adelante vecin@s.

Ante todo lo que está sucediendo en la política de Alcorcón, y lo que queda por venir, tengo que reconocer que como vecino estoy decepcionado con el funcionamiento de la actividad política de nuestr@s representantes. El equipo de Gobierno desgobernando y de espaldas a l@s vecin@s. La oposición demasiado relajada avanzando a paso de tortuga más por el desastre de Cascallana que por ser la alternativa cercana que l@s vecin@s necesitamos. Las alternativas reales no existen. Y mientras tanto, nosotr@s, l@s vecin@s en la calle. Es decir, diciéndole al equipo de Cascallana que no queremos que se Gobierne de espaldas a nosotros y expresando alto y claro que nos sentimos huerfanos políticamente. Nadie nos respalda.

Hace algún tiempo que ya no milito formalmente en fuerza política alguna y ahora estoy más convencido aún de lo acertado de mi decisión. Al menos por ahora. Pero esa experiencia no quiere decir que no me interese la política municipal, actividad que considero muy necesaria para profundizar en los valores democráticos, para ayudar a que en la gestión de los asuntos públicos se trabaje con el objetivo de conseguir la igualdad real y efectiva entre l@s vecin@s.

Creo en la democracia. Creo en la igualdad. Democracia no es sinónimo de permisividad y manga amplia.

Pero no sólo es factible, sino necesario y urgente, que la sociedad vaya evolucionando hacia una democracia cada vez más participativa. No basta votar y dejar hacer. Un Municipio que desee vivir en democracia tiene el derecho y el deber de hacerse presente de forma activa en la gestión de los diversos intereses que se conjugan en todos los terrenos de la vida pública. La pasividad en estos asuntos conduce a autocracias de hecho. Pocos políticos, aunque lo digan, miran con aprecio y promueven esta movilización social.

Tenemos una democracia todavía muy poco democrática. La estructura de la mayor parte de los partidos políticos es demasiado monolítica, piramidal y autocrática, cuando no feudal, ya que no celebran elecciones primarias para elegir a sus líder y las que se celebran son tan poco democráticas, que ya se sabe el ganador antes de celebrarse. Los candidatos acaban siendo productos de marketing muy alejados de la ciudadanía real. Ni nuestro Alcalde, ni nuestros Concejales representan hoy por hoy, la soberanía popular directa de l@s vecin@s.

Hemos de aprender a percibirnos a nosotros mismos, no como objetos pasivos de la actividad política, sino como sujetos activos de la misma. Cierto que hemos de escoger cuidadosamente a nuestros representantes y gobernantes, fijándonos en quiénes son y qué hacen, no en lo que parecen o lo que dicen, pero no podemos esperar de ninguno de ellos que nos vayan a solucionar todo, todo y todo.

Lo que quiero decir es que no creo en la capacidad de las superestructuras de poder, por mucho que cambien, para conseguir un verdadero avance social ni un progreso genuinamente humano. Eso sólo pueden hacerlo las personas, los ciudadanos libres, conscientes y activos, mediante una sabia elección de sus gestores políticos y a través de la participación responsable y directa, a través de asociaciones, plataformas, comunidades y redes sociales, en la generación de su propio bienestar social y en la defensa de sus intereses, necesidades y aspiraciones. Ojalá las nuevas asignaturas de Educación para la Ciudadanía se hubiesen diseñado para formar este tipo de ciudadanos libres, comprometidos y activos, y no para el mero adoctrinamiento.

Sin embargo, los problemas que plantea su funcionamiento del día a día son muchos. Uno de los más difíciles de resolver es la necesidad de que exista un gran número de personas preparadas para ejercer las responsabilidades que los ciudadanos depositan en ellas. Preparadas, es decir, con conocimiento suficiente de los asuntos de los que van a tener que ocuparse. Con capacidad de reflexión y criterio personal. Con humildad para saber escuchar las opiniones ajenas. Y con una firmeza ética que los aleje de las innumerables tentaciones que acompañan el ejercicio del poder: el abuso, la atracción por los oropeles y el dispendio y, sobre todo, la facilidad para dejarse corromper.

Supongo que no es fácil encontrar muchos individuos que gocen de todas esas cualidades y estén dispuestos a ponerlas al servicio de los asuntos públicos. Pero es mucho más difícil aún dentro del complejo marco de los partidos políticos, esos viejos armatostes decimonónicos que huelen a naftalina y arrastran oxidados engranajes de funcionamiento. Para moverse ahí dentro hace falta ser muy ambicioso y muy astuto. Saber arrimarse al sol que más calienta. Obedecer ciegamente a los de arriba y conseguir hacerse obedecer por los de abajo. Ganarse apoyos a base de todas las estrategias imaginables. Cerrar los ojos ante los comportamientos ajenos cuando conviene. No sentir ninguna compasión ni permitirse un momento de debilidad. Olvidarse de la propia moral, etc.

El resultado es el que vemos: hombres y mujeres que, en buena medida, han llegado a las alturas de los partidos sin que nada los avale, sin profundidad intelectual, sin discurso, sin ideas, sin imaginación, sin generosidad. Políticos mezquinos y burdos que sólo parecen preocupados por instalarse o mantenerse en el poder, a costa de lo que sea, y no por mejorar las condiciones de vida de las personas. Por no hablar de los que sólo piensan en su propio bolsillo. No dudo de que los otros existen. Pero lo cierto es que cada vez se les ve menos. Y que el panorama general da pena.

1 comentario:

Pedro García dijo...

Coincido plenamente contigo Pedro, el panorama nacional que tenemos da auténtica pena, no solamente de los que nos gobiernan, también la oposición la da.
Esto es así, aquí fallan muchas cosas, posiblemente tengan todas como dices el genésis de nuestra educación ciudadana.
Solamente espero y deseo que las cosas cambien para el bien de todos.
Pero no nos engañemos, la gran mayoría de las personas no hacen estos análisis tan profundos, van a lo simple, lo fácil. Esto es así.
Les gustán o consienten que les engañen una y otra vez.
Saludos