22/3/09

A mis amigos Javi y Pepe: El exceso de prudencia, en política, significa inmovilismo.

He leido en el blog de mi amigo Javi, contestado por mi otro amigo Pepe, algo que me ha llamado mucho la atención y a lo que quisiera apostillar algo, que a mi parecer, no centra demasiado. Se que Javi y Pepe son muy buenas personas. Esto lo afirmo categóricamente, pero quizás el desconocimiento de la política local les lleve a cierto errores de apreciación, al menos desde mi punto de vista.

Su artículo en el blog habla, entre otras cosas como no alcanzar la metafísica, pruebas y no palabras, palabras de profeta, y otras cosas de las que prefiero no opinar. Eso de la mitología, lo divino y lo humano, no va conmigo. Y mucho menos con la política municipal.

Pero sí hay algo que me llama poderosamente la atención. Habla de la palabra prudencia. Expresas en tú blog, amigo Javi, la siguiente frase: "Quien posee la posee todas las virtudes". Cometes un error de apreciación, al menos para la política. En abogacia, quizás. En política municipal, no. Y me explico.

Si hablas de prudencia en política hablas de inmovilismo, de llegar tarde a las cosas y a los acontecimientos, de no estar a la altura de miras necesaria para defender a los vecinos. Es más, y toma esto cojido con muchas pinzas, la prudencia en exceso frena la audacia. La audacia es de obligado cumplimiento para los que toman decisiones frente a una situación política. El exceso de prudencia es inmovilismo. La persona es tan prudente que acaba muriendo de exceso de juicio. Ralentiza los procedimientos o llega demasiado tarde a la comprensión y solución de las cuestiones. Y así es como estaba nuestro partido, y así es como ha vuelto a estar. Y esa es la realidad, te guste o no.

Hay una virtud que está en término medio entre la audacia y la prudencia: la templanza. En condiciones normales significa la justa medida, lo óptimo relativo, el equilibrio entre el más y el menos. Pero en situaciones de desencanto político, como es el caso de Alcorcón, la templanza asume la forma de sabiduría política. La sabiduría implica llevar a la audacia hasta aquel punto tan lejano más allá del cual ya no se podría ir sin provocar una gran inestabilidad. El efecto es una solución sabia que resuelve las cuestiones de las personas más injusticiadas, esto es, le da sabor a la existencia.

Nadie ha expresado mejor ese equilibrio sutil entre audacia llena de coraje y prudencia que Pedro Casaldáliga, al escribir:

«Saber esperar, sabiendo al mismo tiempo forzar las horas de aquella urgencia, que no permite esperar».

La prudencia en política municipal, donde la información y los problemas vecinales son diaríos y fluyen de manera vertiginosa, es un freno que te lleva al inmovilismo, a llegar tarde, mal y núnca. Y ese inmovilismo y esa tardanza te llevan cuanto menos a una resta importante de rédito electoral, y lo más seguro a un fracaso electoral cuando las espectativas estan puestas bien altas.

Medir tiempos en política es muy importante. Estos tiempos en política se llaman YA Y AHORA.

El Ya, es el momento del suceso, noticia o problema en el municipio.
El Ahora, la respuesta política inmediata a ese suceso, a esa noticia o a ese problema en el municipio.

El resto, nada de nada. Perder el tiempo y jugar a algo para lo que no se está preparado.

Un saludo tanto para Javi, como para Pepe.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo contigo Pedro:
"Tardío anochecedor, mal madrugador".