18/3/09

¿Desaparecerá el barco en el triángulo de las Bermudas?


Esta es la historia de un marinero que decide formar parte de la tripulación de un barquito perteneciente a una compañia en expansión.

Este barquito era poco conocido en el pueblo donde tenía que navegar. Sin embargo, los barquitos de la competencia pertenecientes a multinacionales, navegaban viento en popa, si bien es cierto que uno de ellos hacía aguas con bastante frecuencia, ya que el Capitán no era muy competente en eso de elegir la tripulación y sobre todo, dirigir y gestionar el barquito.

El marinero en cuestión es trabajador y conoce perfectamente la localidad donde tiene que trabajar para sacar ese barco adelante peleando con la competencia por hacer de su trabajo algo digno y sin malas artes. El marinero es valiente y tenaz. No se rinde con facilidad y no deja de remar a las primeras de cambio. Sabe que en el mismo momento en que deje de remar, los esfuerzos con el remo por parte de sus compañeros sólo serviran para que el barquito navegue en círculos, lo que sólo deparará aburrimiento y mareos.

El marinero comienza su viaje contento y alegre, porque parece que ha encontrado un proyecto ilusionante y una empresa que merece la pena. Trabaja y trabaja, hasta el punto que ese barquito se hace bastante conocido en el pueblo donde realiza su trabajo. El marinero sigue y sigue trabajando, y su barquito crece y crece. Los barquitos de la competencia comienzan a reconocer que el nuevo barquito es un peligro para ellos.

Pero el marinero se comienza a cansar de ver como unos trabajan un sólo día a la semana y él los siete. El marinero se cansa de ver como, de la tripulación, más de un 50% no están involucrados en la buena navegación a nivel local y lo que se involucran es para con la multinacional y no con el barco que deben sacar a flote. El marinero se cansa de ver como su trabajo es frenado y eliminado en multitud de ocasiones. Para más inri, el marinerito se entera, por marineritos de otros barquitos, que sus propios compañeros de barquito, no confían en él...

El marinerito en cuestión seguro que ha cometido errores. Como cualquier humano. Pero es un trabajador incansable, y observa un problema común: no todos los marineros están preparados para la dureza de los viajes. Nunca nadie dijo que navegar fuera un paseo de niños. Remar requiere esfuerzo y constancia en cada movimiento. La belleza del paisaje y los tesoros que esperan son alicientes que invitan al viaje, pero el mar también depara tempestades y terribles dificultades. El fondo del mar colecciona naufragios y los marineros no deben ignorar este hecho.

Otra cuestión de importancia que debe resolver la tripulación es si merece la pena navegar hacia aguas más profundas. Mar adentro hay muchos tesoros por encontrar, pero no todo el mundo está dispuesto a alejarse del puerto. Navegar con tierra a la vista siempre fue divertido, aunque al final uno termina en el mismo lugar en el que empezó. Es lo que tiene no alejarse del punto de partida.

Supongamos que nuestro barquito, felizmente tripulado y empujado por la incercia propias del inicio de la travesía y del tiron de la multinacional a la que pertenece, se encamina hacia aguas más profundas. Los tripulantes saben que el destino al que quieren llegar está mar adentro, de manera que reman alejándose del puerto. A medida que se van introduciendo en el océano se dan cuenta de que deben reflexionar sobre otro asunto importante. Todos quieren ir mar adentro, pero ¿reman en la misma dirección?. Como decíamos, hay muchos tesoros por encontrar, pero encontrarlos requiere que se siga una ruta lógica y eso exige que haya acuerdo entre la tripulación. Si ambos reman hacia destinos diferentes, el barquito terminará por no llegar a ninguno de ellos.

El buen marinero sabe reconocer cuando un barco hace aguas y sólo en ese momento abandona civilizadamente el barco para no hundirse con él. En ese momento nada con todas sus fuerzas en busca de puerto. Sabe que será un trayecto duro a nado, pero sabe que cuando llegue a puerto habrá nuevos barcos y compañeros con los que zarpar.

Tras una larga travesía a nado hasta el puerto de su pueblo, comienza a darse cuenta que desde su marcha, nadie sabe nada del que fue su barquito en su pueblo. En ese momento terminó por rearfirmar su convicciones sobre el trabajo realizado durante su estancia en el barquito.

Con el tiempo ese barco terminará hundido y miembros del tripulación con él. O cambian de dirección en su navegación, o van camino del famoso Triágulo de las Bermudas, donde grandes barcos han desaparecido y con el tiempo, son olvidados.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Realmente es triste la moraleja de este cuento. Pero lo mas triste de todo es que perdemos el salvavidas y la ilusión que habiamos puesto en él.

Siempre me ha causado mareo el subir a un barco y precisamente empezaba a tener confianza de hacerlo en ese barquito. No volveré a confiar en ningún capitán por muy valiente que me parezca.
De verdad que siento tu marcha Pedro, pero en tu fábula, los de a pié queremos nombres y datos para no marcharnos también de esta pestosa m... que es la política.

Anónimo dijo...

También se te ha olvidado otro barquito sin bandera, pequeño y peleon ,atacan a cualquiera que se les pone a tiro ,no obedecen a nadie ,tienen un capitan valeroso que no se esconde que habla a solas con el Alcalde y le dice lo que va hacer ,sin mentiras,peloteos,etc .
Ese barco cada vez es más solido no hay motines ,ni chivatos,y gente de todo pelaje

Anónimo dijo...

¿no habrán echado a ese marinero por Pirata y luego al llegar a puerto les cuenta a los de su pueblo otra historia?

Pedro dijo...

El marinerito se ha marchado él solito. Y contar, lo que es contar, no ha contado nada de nada a nadie.