11/1/09

Sobre el carisma en los políticos.

Para continuar con el debate abierto por mi compañero Javier, en su blog http://vecinodealcorcon.blogspot.com, acerca del carisma, escribo este artículo en mi blog, aunque también hice un pequeño comentario en el suyo.

Como ya expresé en su blog, no me gustan los extremos. No tráen nada bueno. Y por eso, tampoco se puede extremar en el término carisma y atribuirlo única y exclusivamente a dictadores.

El liderazgo carismático ha sido atribuido a distintos gobernantes, sean dictadores, demócratas, u otros; así, se puede definir como líderes carismáticos a Julio César, Napoleón, Benito Mussolini o Adolfo Hitler; también a demócratas como Balmaceda, Arturo Alessandri, Roosevelt, John Kennedy o Barak Obama. Un líder carismático no puede iniciar una empresa sin una situación carismática, es decir, una crisis profunda de una forma de vida determinada, por ejemplo, Hitler no hubiera triunfado de no haber mediado la humillación alemana, después del Tratado de Versalles, o la crisis capitalista de 1929; lo mismo vale para Mussolini: surge del miedo de la burguesía ante la toma de fábricas e Turín, de parte de los socialistas. El Nuevo trato de Roosevelt no se explica sin la corrida bancaria del “martes negro”, y así de podría multiplicar, al infinito, los ejemplos.

¿Está pasando Alcorcón por una crisis carismática? Creo que sí.
Tanto Cascallana como Díaz fracasan continuamente en sus fondos y formas de hacer política municipal y están día a día más alejados de la realidad de Alcorcón y ni que decir la distancia que existe entre esos políticos y el vecino de a pié. Evidentemente, existe una crisis carismática en Alcorcón.

El sociólogo alemán Max Weber enseñaba que hay tres formas de autoridad: la tradicional (feudal), la legal (democracia) y la carismática. El carisma (“regalo divino”) es una habilidad excepcional para imantar las personas. El líder carismático es capaz de legitimar el poder político y generar un orden en la sociedad. Weber consideraba que el carisma puede cambiar la historia.

La televisión, la radio, la prensa escrita y, por supuesto, Internet proyectan instantáneamente el fenómeno del político con carisma por todos los lugares. Así se transforma la morfología del carisma y la imagen pública del político: el espacio de la información y la comunicación es el escenario moderno en el que se deciden las elecciones.

Una de las capacidades de un lider con carisma es de juntar gente, de una forma u otra. No hay movilización sin carisma, y esto, movilizar, es justamente la razón de ser del político carismático para Weber. El carisma, para Weber, es un don, una “gracia” absolutamente extraordinaria y personal, que nadie sabe de dónde viene pero todo el mundo reconoce cuando lo ve. El político carismático es un genio, en el sentido romántico del término: se hace a sí mismo y no le debe nada a nadie, salvo a sus seguidores.

A la teoría política contemporánea no le gusta el carisma: prefiere hablar de consensos, razones, deliberaciones. El carisma rompe todo esto: es inargumentable, es polarizante, es movilizante. Pero, recordemos que para Weber la aparición de un político carismático era la única fuerza capaz de romper (aunque más no sea momentáneamente) con la inexorable fuerza de la tendencia universal hacia la racionalización y la burocratización de la vida política. Sin carisma, dice Weber, la política no puede sino desaparecer, transformada en administración.

¿Significa esto que todo político carismático es bueno? De ninguna manera. Primero que nada, el carisma puede ser inestable. Segundo, no se puede liderar sólo con carisma. Tercero, hay políticos carismáticos de derecha, de izquierda y del medio. Aún si los eligen, pero hay que ver qué hacen luego,es decir, como se institucionaliza su movimiento. Claro está que los políticos no carismáticos ya vienen sin garantía, y sin ilusión, así que ahí estamos.

El que quiera seguridades que abandone la política y se haga cura.

El carisma introduce la incertidumbre de lo novedoso en los asuntos políticos. Nada más ni nada menos.

2 comentarios:

Javier dijo...

Evidentemente no pretendo demonizar y considerar a todo personaje carismático como un ser pérfido y malvado, pero quería recalcar que precisamente el carisma no garantiza que pueda servir bien al pueblo, sin embargo otros valores llevan más a pensar que esa persona podrá servir bien a los intereses de la ciudadanía.

En todo caso, también admito que el carisma es necesario para un político, pero insisto, no lo más importante.

Muchas gracias por tu visita y enlace.

Saludos,

Anónimo dijo...

Pués carisma, lo que es carisma, vuestro coordinador, nada de nada.