3/1/09

La crisis de representación política del ciudanan@ en la política municipal.

En la misma tónica que el país, Alcorcón vive en permanente conflicto político, económico y social que se revela en el retroceso de la democracia, pérdida de la calidad de vida, incremento de la inseguridad pública , impunidad, descrédito de las instituciones públicas, incredulidad en servidores públicos y partidos políticos, depresión social, inadecuada planeación urbana, devastación del medio ambiente, incremento de impuestos, baja calidad educativa.

La crisis de representación política tiene múltiples causas, entre las cuales se pueden mencionar a la amplia brecha entre representantes y representados, a los diferentes niveles de especificidad que revisten las demandas de la comunidad y a la creciente complejidad burocrática de la administración pública.

Además se podrían agregar otros dos motivos importantes, que provocan cierta erosión en el reconocimiento de algunos cuerpos políticos y de sus integrantes: la escasa eficacia en la gestión política y la ocurrencia de actos de corrupción.

Estas razones han llevado a que en muchas ocasiones la ciudadanía sintiera la pérdida de contacto con sus representantes y, en los casos más extremos, se llegara a advertir que algunos de ellos parecieran inclinados a bregar más por sus propios intereses que por los de la comunidad que los eligió, lo cual ha provocado reproches y manifestaciones de desconfianza hacia dirigentes e instituciones.

La ciudadanía considera que hay graves desviaciones en el ejercicio de gobierno; que desde el servicio público se maneja información privilegiada y se hace del municipio su botín político y económico. Hay una visión muy negativa de los funcionarios
públicos, en tanto que los sindicatos municipales, las unidades de transparencia, la procuración de justicia, la defensoría pública, el poder judicial y otras instancias que deben velar por los intereses ciudadanos, los derechos humanos y la justicia, solapan las omisiones, la impunidad y la corrupción.

El barrio es uno de los lugares donde se desarrolla la interacción social más cotidiana, el espacio físico en el que confluyen un variado número de grupos domésticos que comparten una misma zona de la ciudad, porque en ella tienen su casa. En este contexto geográfico y cultural se desarrolla gran parte de la vida de los individuos, constituyendo primordialmente un ámbito de sociabilidad informal (la tienda, la salida del colegio, la plaza, el bar…) en el que las personas que comparten una misma adscripción urbana entran en contacto y se ponen al día de sus alegrías y desgracias.

Ocurre que hay veces que dichas alegrías y desgracias afectan a la mayoría de los habitantes de la zona, porque ven como sus hijos deben andar más de lo normal para ir al colegio, porque al no haber plazas ni zonas verdes, o presentar éstas un estado deplorable, no pueden salir a tomar el sol, o porque deben trasladarse a otra zona de la ciudad para recibir asistencia sanitaria cuando cerca de su barrio estaba programado que se construyera un Centro de Salud, o incluso porque aspiran a organizar y compartir su tiempo de ocio con actividades formativas muy diversas. ¿Qué ocurre entonces? ¿Cómo dan solución los vecinos a esos problemas que no depende exclusivamente de ellos?

Empezando por lo más inmediato, las principales preocupaciones de los vecinos son el mantenimiento del barrio: las calles, el mobiliario urbano, el alumbrado o las zonas verdes, tema típico de las acciones de los primeros años del movimiento vecinal, y que en la actualidad las asociaciones pretenden llevar a todas las esferas de la vida social del barrio, principalmente a los temas relacionados con la salud, a la educación (educación de adultos o exigencias para la instalación de colegios e institutos en sus barrios, formación en general), a problemáticas como la droga, a la seguridad ciudadana, a las movidas nocturnas de los jóvenes, y actividades que potencian la sociabilidad vecinal (organizar fiestas y veladas, cursos formativos, convivencias, excursiones…). Son este tipo de problemas los que en la actualidad catalizan el interés colectivo de los vecinos y los empuja a la acción política.

Cuando pensamos en la política, dirigimos inmediatamente nuestra mirada sobre los elementos formales de ésta, sobre los ámbitos y contextos en los que supuestamente se hace más evidente el comportamiento político dentro de un sistema que pretende normatizarlo y regularlo, pensamos en la autoridad como elemento básico de la política. La sociedad aparece dividida artificialmente en una serie de áreas independientes pero interactuantes; circunstancia que determina esferas económicas, sociales, políticas, ideológicas…, cada una con una especificidad propia, que a su vez delimita ámbitos de comportamiento y acción, propiciando una consideración de la vida social como si de un conjunto de subuniversos articulados se tratase. Una visión analítica como ésta difícilmente podrá aprehender el funcionamiento social en sus aspectos más cotidianos, porque en la cotidianeidad todo aparece entremezclado, difuso. En la acción diaria de individuos y grupos es muy difícil separar lo económico, de lo social o de lo político…

Ponemos entonces nuestro objetivo sobre la sociedad local como nivel colectivo abarcable para la investigación, y aún dentro de ésta queremos ocuparnos de los niveles más cercanos a la cotidianeidad, por eso prestamos atención a los barrios como conjuntos más o menos definidos de grupos domésticos pertenecientes a distintos sectores sociales, a los que se les dota de cierta entidad administrativa, y comparten cierto grado de intereses comunes, y por tanto, constituyen un nivel susceptible de desarrollo político en sí mismo, claro que considerados dentro de un contexto político mucho más desarrollado formal e institucionalmente como es el municipio. La constitución del barrio como contexto político, y el debate sobre su homogeneidad o heterogeneidad social interna, así como su entidad administrativa, sólo se resuelven a través del análisis propiamente político de su funcionamiento. Evidentemente, todos los niveles políticos en los que participa un individuo están articulados y no tienen una existencia autónoma, sin embargo -teniendo esto en cuenta- pueden ser aislados a los efectos analíticos que nos interesan, porque en última instancia vamos a articular los fenómenos políticos que tienen lugar en el barrio con los que ocurran a niveles más amplios y/o restringidos.

El poder social -que toma carácter político cuando se articula dentro o entre colectivos- tiene su base primera en el control de recursos necesarios para la producción y reproducción social, pero también está anclado a la posibilidad de producir significados sobre lo social; el poder controla pero también produce modelos de representación social, discursos que identifiquen a los colectivos como tales, básicamente como participes de intereses comunes. Esa doble visión del poder -a veces más o menos confluyente- es la que subyace a nuestra visión de los fenómenos políticos.

Un sistema ineficiente desvía las mejores voluntades, y la única vacuna es la participación social responsable, conciente y habilitada.Hay que trabajar decididamente por el fomento a las actividades de bienestar y desarrollo social de las organizaciones civiles.Todo ello desde el ámbito municipal, toda vez que es el responsable directo de la seguridad y calidad de vida de su ciudadanía.

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