13/12/08

Ególatras y marionetas. Si te mueves, no sales en la foto.

Ahora que ya ha pasado un tiempo desde que la Audiencia Provincial archiva las actuaciones contra Pablo Zúñiga y Fernando Díaz, se me plantéan una serie de dudas que quiero exponer con todos vosotros.

Estamos todos de acuerdo, al menos los que creemos que hace falta una regeneración democrática, que para comenzar esta regeneración, el primer paso es democratizar los partidos políticos, que, actualmente, están lejos de ser demócratas en su seno, como quedó demostrado con el nombramiento de Fernando Díaz como Candidato del Partido Popular, siendo su posición la menos apoyada dentro del PP de Alcorcón.

¿Porque margina Fernando Díaz a Pablo Zúñiga y se quieren desligar de él?

Esta falta de democratización ha quedado más que clara en el asunto que ahora trato.
Como todos sabéis, Fernando Díaz era Concejal de Urbanismo con Pablo Zúñiga como Alcalde. Pues bien parece que esto fuera al revés.

No hace falta más que ojear un poco la web del PP de Alcorcón. Fernando Díaz y sus acólitos se han empeñado en borrar en nombre de Pablo Zúñiga de cualquier sitio donde ellos esten, hasta el punto que, para decir que Fernando Díaz ha salido como inocente en este caso que ahora hablo, no es capaz de señalar en ningún momento al que fuera Alcalde de Alcorcón. Ni en nota de prensa, ni en nota informativa, ni en nada. Pablo Zúñiga no aparece por ningún sitio.

Habría que recordar al Señor Díaz, que la querella era contra el ex-Alcalde de Alcorcón, y que él era una mera comparsa al ser el Concejal de Urbanismo. Por cierto, Concejal de Urbanismo gracias a la decisión de Pablo Zúñiga.

Desde que se convirtió en manda más, sin elecciones por medio, ha intentado desligarse de todo lo que huela a Pablo Zúñiga Alonso, como arrepentido de haber formado parte del Gobierno Municipal que encabezaba.

¿Que os parece que el Portavoz Popular de Alcorcón sea colocado a dedo y que mordiera la mano de quien le dió de comer?

Poco me importa, la verdad, lo que haga o deje de de hacer el PP de Alcorcón. Ellos mismos son los que han roto su partido. Allá ellos. Se de buena tinta, que ellos saben, de sobra, que mientras sigan por ese camino, jamás llegarán a la Alcaldía de Alcorcón. Pero mientras cobren lo que cobran...... ¿que más da?. Mucho mejor. Cobramos mucho sin responsabilidad ninguna. Los vecinos... ¿qué vecinos?.

Lo que si que me importa, y creo que a todos, es la falta de democracia interna en los partidos politicos. La gran influencia que las élites partidistas ejercen en los procesos de toma de decisiones internas, con la consiguiente marginación de las bases, lo que provoca un déficit democrático y de legitimidad.Para recuperar la buena salud de nuestro Estado social y democrático de Derecho, es urgente recuperar y mantener en el tiempo la libertad y la democracia real en el seno de los partidos políticos. Preciso es, por consiguiente, reformar la legislación sobre partidos políticos, para establecer criterios y garantías de democratización interna, fomentando la real participación de la militancia en las decisiones importantes sobre la gestión del partido, promocionando el acceso a los cargos de responsabilidad interna de los militantes capacitados, institucionalizando en el seno de los partidos el proceso de primarias para la confección de todas las listas electorales, y haciendo posible la transparencia financiera. Todo ello, muy lejos de las formas de actuar del PP y del PSOE.

Los que conocemos el caso concreto de Fernando Díaz en el PP de Alcorcón, sabemos de lo que hablamos.

Una de las grandes paradojas de los grandes partidos políticos contemporáneos, partidos de masas, partidos 'omnívoros', es que, siendo fuertemente oligárquicos y autoritarios, repiten a campana herida su inmaculada vocación democrática, su exquisito respeto a las reglas de la democracia interna. Ahora bien, para cualquiera que conozca mínimamente el sentido profundo de la democracia, su sentido histórico, esa paradoja es fácil de desarmar: las oligarquías, es decir, las formas de gobierno donde el poder se concentra en pocas manos, son perfectamente compatibles con la representación política y con el principio de elección por la regla de mayorías.

El problema de la democracia interna de los partidos es que la idea misma de la democracia ,su historia, su sentido, su necesidad, se ha olvidado y los intereses fuertemente organizados en su interior no tienen gana alguna de rescatarla del olvido.

Le dirán además que si prescindimos del principio de elección,o lo ceñimos, por ejemplo, a los grandes congresos, el bruto, el ignorante, el inexperto se abrirá paso y pondremos en sus manos delicadas decisiones importantes; le dirán que ellos fueron elegidos por sus méritos, y que la meritocracia debe imperar en la política.

Ante eso, tenga usted bien preparada la respuesta: día a día, cada vez con más frecuencia, los buenos y los mejores van renegando de la política y refugiándose en la vida privada, en el quehacer privado, en el negocio privado. Día a día, y cada vez más, se va empobreciendo la clase política. No le quepa a usted duda: la falta de democracia, sí, pero de democracia en serio, tiene mucho que decir al respecto.

Con todo esto, podemos destacar que el partido que más deficiencia democracia interna padece es el PP. En el PSOE, a trancas y barrancas y con serias deficiencias, al menos llegaron a celebrar primarias.

En definitiva, la ausencia de elección democrática por parte de los afiliados de un partido en cada circunscripción local, regional y nacional de los aspirantes a los diversos puestos provoca que accedan a las candidaturas personalidades menores, que sólo siguen el guión marcado por el comité que los ha colocado y son incapaces de defender un discurso propio. Si además se aplican medidas disciplinarias a las corrientes internas no alineadas con el discurso de la dirección, se margina a los librepensadores y no se aplica la limitación de mandatos dentro de los partidos se impide el acceso al ámbito político de profesionales, ajenos o no al régimen imperante, que logren introducir nuevas ideas y ayuden con mayores bríos a la evolución sociocultural de cada nación, región o municipio.

Así les luce el pelo, y lo más grave, su falta de democracia interna, siendo el candidato o Presidente Local, una mera marioneta del partido, y de las formas e ideas de un determinado Señor o Señora, convierte al Partido en su localidad, en una mera comparsa. Marioneta pura y dura, lejos de los intereses y de la defensa de sus vecinos.

Eso sí, si te posicionas en contra de esas formas, estas fuera del partido.

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