8/11/08

Respuesta al email de un "socialista": El socialismo de verdad.

EL DUDOSO PLACER DE DEBATIR SOBRE EL “VERDADERO” SOCIALISMO.
Desde que decidí abrir este blog, me he propuesto, por una parte, denunciar usos nefastos y deformaciones del ambientillo político y abordar debates de clarificación. Unos tienen más importancia que otros. La importancia de un debate deriva de la cantidad de gente que se ve afectada por él. Un debate sobre el “socialismo” es un debate de importancia porque muchos se sienten “socialistas”.

Los debates de tonterias restan tiempo a los verdaderos debates. Y debo reconocer el escaso interés que tengo en discutir sobre este tema. Maldita la hora que se me ocurrió intentar elucidar si el PSOE y el Socialismo era lo mismo, parecido, antagónico o contiguo. Pero bueno, ya que alguien me ha escrito algo sobre ello, responderé.

Evidentemente, el punto de partida del debate es el que la bitácora del señor atodefinido como socialista que me escribe auplantea; a saber: “Nosotros por nuestra parte opinamos que el socialismo es irrenunciable y que la definición sobre el socialismo no aporta ningún suplemento especial a la actividad política ni significa un valor añadido a un grupo político o su actividad.” Pues bien, a partir de esta introducción, poco prometedora, a decir verdad, vamos a intentar arrancar.

EL “SOCIALISMO”, Y LA ECONOMIA DE ESFUERZOS
Descubrir es socialismo es una “grande cosa”. Hasta ahora, nadie se había percatado de que el partido que se llama “socialista” y que arrastra casi diez millones de votos, no es socialista o, peor todavía, es “falsamente socialista”. Vete tú, uno por uno a esos diez millones de votantes socialistas, unidos a los otros diez de la derecha que creen que el socialismo es el del PSOE y explícales que todos están equivocados y que los “socialistas del PSOE” son “falsos socialistas”, porque, hete aquí, que los socialista “verdaderos”, somos, mira por dónde éste y yo… ¿Es de recibo un planteamiento así, aunque sobren argumentos? ¿Sobran? Hoy no hay más socialismo real que el del PSOE y ZP es su profeta.

Aunque solamente sea por una mínima y lógica economía de esfuerzos, lo que no puede hacerse es discutir sobre “esencias puras”. A algunos, el tránsito por el PSOE les ha generado daños colaterales: hay una “Socialismo auténtico” y, por tanto, se supone que hay un "Socialismo falso” (es decir, todos las demás). Hay un socialismo auténtico (el nuestro) y un socialismo falso el de los demás, incluidos comunistas, socialistas, socialistas revolucionarios, socialdemócratas, laboristas, trotskystas, marxistas revolucionarios, anarkistas y demás lindezas. Pero dado que la diferencia entre el socialismo “auténtico” y el “falso” socialismo, no es evidente a simple vista… hay que emplear buena parte de los esfuerzos demostrar que lo auténtico es auténtico y lo falso es falso. Y más vale empezar convenciendo a PRISA de que apoya a los “falsos socialistas” y a la COPE de que sus andanadas van contra esos farsantes que, por no ser, ni siquiera son socialistas… Ardua y problemática tarea. Me gustaría que el PSOE nos explicara como hacerlo. Porque necesario si es.

En una sociedad de masas los fenómenos son lo que son, no lo que a nosotros nos gustaría que fueran. No existen socialismos a medida. Existen socialismos que todo el mundo considera “socialismos”,salvo una ínfima minoría dentro de una minoría, y que, por eso mismo, son “el socialismo”. ¿Y yo qué quieres que te diga si todavía no he encontrado nadie que le interese el debate sobre si el socialismo del PSOE es falso?

Intentar disipar este equívoco, que en mi opinión no lo es, sino que el único socialismo es el socialismo real, esto es, el de la corrupción, el de la baba coriácea de ZP, el del GAL, el del tripartido, el del felipismo y así sucesivamente, es vano y fútil. Siempre habrá unas elecciones en las que se presente como mínimo una etiqueta socialista (falsa para tí, pero con más capacidad que tú de penetración en las masas) que condene a la esterilidad todos los esfuerzos empleados en disipar el equívoco.

EL MENSAJE ES MENSAJE POLÍTICO CUANDO ES MENSAJE CLARO, SINO, NO.
Luego existe otro problema: ya no se trata solo de demostrar cuál es el socialismo falso y cuál el auténtico (lo que no es moco de pavo), sino especialmente, lograr que el receptor del mensaje entienda que debe de apoyarte a ti, y no al falso. En ocasiones, los productos falsos tienen cierta ventaja. Por ejemplo, cuando se compra una carga de toner de impresora, te suelen preguntar: “¿de marca o compatible?”, hombre, a la vista de los 15,00 € de diferencia, casi me lo dé de pastel… Todavía no he comprobado que el “auténtico” sea mejor que el “falso”.

Así pues, tras ímprobos esfuerzos, puede ocurrir que, por simple agotamiento, hayamos logrado demostrar a un persona, que nuestro socialismo es el de “verdad” (la Comuna de París, Proudhom, etc todos grandes socialistas, sobre todo éste último), queda solamente demostrarle que el “verdadero” es más recomendable que el “falso”.

Las posibilidades matemáticas de conseguir que todos estos esfuerzos y demostraciones lleguen a buen puerto, se van reduciendo progresivamente. ¿Por qué? Por que el mensaje va perdiendo claridad. Primero lo lanzamos intentando eludir el hecho de que en el imaginario colectivo del pueblo español “socialismo” son “100 años de honradez, 40 de vacaciones y 15 de corrupciones”, el rostro gitanesco de Felipe y el blandurrio de ZP, el nacional-charneguismo de Montilla y el nacional-alcoholismo de Maragall, o el nacional-catetismo de Bono. Liberada la mente de todos estos “pequeños” prejuicios, queda solamente demostrar las ventajas de un socialismo sobre otro. Es decir del socialismo falso pero con decenas de diputados nacionales, europeos, autonómicos, miles de concejales y millones de votos, con el socialismo que tiene en su haber solamente el hecho de ser “verdadero” o autotitularse tal.

Creer que una lucha de convencimiento de este tipo puede ser emprendida con garantías de éxito, es ya ingenuo, pero creer que el mensaje puede ser entendido por sectores apreciables de la población es un error que se paga con la esterilidad política más absoluta.

SOBRE LA CONCEPCION DEL “SOCIALISMO”. TODOS SOMOS SOCIALISTAS
Va el señor "socialista" que me escribe el email y dice: “Entonces a la forma simple diremos socialismo al socialismo.”. Claro, ahora solo falta definir al “socialismo”. Y entonces el mismo señor "socialista" recurre a lo “sesudo”: “Poniéndonos mas lógicos, mas sesudos. Si lo que predicamos es el socialismo, el reparto de la riqueza general de forma que sus beneficios alcancen al máximo de la población bajo la formula administrativa o política que corresponda en cada momento, debemos decir que queremos el socialismo, la justicia social”.

Esperába algo más de tí, francamente. El concepto “sesudo” de socialismo es más simple que el rabillo de una boina: socialista es todo aquel que “predica” (encomiable labor de apostolado) “el reparto de la riqueza”. Joder, menos mal. Así pues, todos somos socialistas, empezando por León XIII cuando ya aludió al “reparto de la riqueza”, y es más, los mentores de la globalización, no la “predican” argumentando que generará una mayor concentración de capital, sino que también explican que, después de unos “pequeños desajustes” iniciales, todos se verán beneficiados por la globalización. Incluso los carlistas son socialistas y, además, los jodidos van y lo reconocen, y su aspirante Carlos Hugo, se define como tal. Los del PP no se llaman socialistas porque bastante cruz tienen con eso de ser "de centro", pero, con todo el derecho del mundo podrían incorporar también la catalogación de socialistas a sus méritos, pues no en vano también ellos buscan “distribuir la riqueza”.

Yo lo lamento, pero si este es el gran argumento para incorporar el término socialista a una definición, para ese viaje no hacían falta alforjas. Me parece un argumento simple, fuera de la realidad y, en definitiva, malo. Por que a lo malo, hay que llamarlo malo, como al socialismo socialismo.

Se me ocurre añadir que una de las formas de socialismo, el socialismo fabiano, fue asumida por el clan emergente de los Rockefeller a principios del siglo XX y, en buena medida, hasta no hace mucho ha sido la única ideología que ha inspirado a los “liberales” norteamericanos. La idea es que primero hay que aumentar el volumen de riqueza que el mercado y la vida misma se encargarán de distribuirla. Así pues, al acertijo de “¿cuál es la ideología poliédrica que puede ser aceptada tanto por un marxista-leninista-pensamiento mao-tse-tung-abimael-guzmán-y-demás, como por un Rockefeller de la vida, pasando por n-r? ya sabemos la respuesta: es, coño, cómo no había caído antes, el “socialismo”. Premio pa’l caballero.

FELIPE GONZALEZ: ESE GRAN VERDADERO SOCIALISTA
Seamos claros: si en los personajes del PSOE hay poco material salvable para la actualidad, en Felipe González casi al mismo nivel. Leer hoy algún tema de Felipe González es leer una novelita de adolescente díscolo y dejan el sabor propio de lo inactual; algo rancio, eso sí. No sabemos como habría evolucionado el socialismo de Gonzalez con los años, pero tampoco se puede ser excesivamente optimista. No voy a ser yo el que reabra la polémica, que ni me interesa, ni soy especialista, pero Felipe González para sacar sus últimos “productos” se apoyó en sus amigos. Es lo malo que tiene mitificar, que luego pasa lo que pasa y sucede lo que sucede. Sabemos que el Felipe Gonzalez joven comenzón con fuerza e ilusión, al estilo Obama. Sabemos también quien le pasó fondos y no fueron precisamente socialistas de lo más granado sino todo lo contrario. Y además todo aquello fue hace tanto tiempo que pensar en ello produce escalofríos sobre la empanadilla mental de la época y se entiende perfectamente por qué ganó las elecciones Aznar.

Un día valdrá la pena hacer la crítica a la política completa de Felipe Gonzalez y su falso socialismo. Entonces habrá rechinar de dientes. El examen del siglo XX español que hace Felipe Gonzalez es, poco más que una mera especulación personal, cuestionable desde muchos puntos de vista. Y su interpretación del socialismo y del comunismo, contiene tales errores de bulto que vale la pena preguntarse como ese señor llegó a ser Presidente del Gobierno durante tantos años. La política no era el terreno en el que mejor se movía Felipe González. Y dicho sea de paso, si González es recordado hoy por algunos es gracias a que, por algún motivo inexplicable, el nombre de González fue rescatado del olvido por Zapatero… díganme si no es para sonreír. Puestos a recordar, el pensamiento de Albiñana tampoco era manco y seguro que habrá alguna frase en sus palabras y escritos susceptible de encerrar el código da Vinci del socialismo verdadero.

Anda que no hemos desmitificado a Felipe Gonzalez para ahora tener que asumir la desmitificación… La triste realidad, triste porque indica que la ley de hierro de lo humano es la impermanencia y el paso del tiempo que todo lo arregla, matándolo, es que el pensamiento de Felipe Gonzalez, es una antigualla polvorienta, con olor a rancio y, eso sí, las mejores intenciones del mundo, apto solo para coleccionistas de recuerdos o historiadores amantes de los terrenos ideológicos de los años, sin tener que realizar muchos esfuerzos.

ASUMIR EL HECHO DE QUE EL SOCIALISMO ES EL SOCIALISMO…
El PSOE nos pone luego ante el hecho consumado de que antes de buscar nombres raros, mejor llamar a las cosas por su nombre. Efectivamente: un pene es pene y no una polla y una patata es patata mucho más que tubérculo, así que el socialismo es el socialismo. Dice: “Poniéndonos históricos, de nuestra pequeña historia, al margen de la cita de Felipe Gonzalez sobre el socialismo, hemos usado tropecientas expresiones para hacer pasar nuestro socialismo: solidarismo, justicialismo, distributismo, planificación económica, comunitarismo, etc, etc. Y cada vez que usábamos una nueva expresión debíamos dar una colección de frases que definían al socialismo sin citarlo. Lo suyo es llamar a las cosas por su nombre. Llamar socialismo al socialismo”.

Vamos a ver porque aquí hay líos conceptuales. Después de buscar durante años una definición de la propia doctrina y de haber realizado un viaje en torno a las ideas políticas, el PSOE llega a la conclusión de que hay que llamar a las cosas por su nombre. Loable decisión. Lo que pasa, es que esa peregrinación por doctrinas políticas, solamente la habéis realizado algunos… la inmensa mayoría no hemos pasado por tales vicisitudes angustiosas y en nuestra puta vida se nos ha ocurrido la osadía de llamarnos “solidaristas”, “justicialistas”, “distributivistas”, “planificacionistas” o “comunitaristas”. Se podría añadir “nacional-bolchevisques”, “nacional-anarquistas”, “revolucionarios conservadores”, “strasserianos”, “euroasiáticos” y un largo etcétera. Si el PSOE plantea así las cosas, sería bueno preguntarle porque “solidaristas” no (que en el fondo tampoco suena mal y no hay posibilidades de confusión ni de rivalizar sobre con alguien que afirme que su “solidarismo” es el de verdad) y “socialistas” si (que acarrea todo tipo de confusiones). Pero bueno, a lo que vamos.

¿Por qué hay que resumir todo el ideario en una sola palabra, suponiendo que tal reduccionismo sea viable? Te lo explico: porque todavía no se ha superado la mentalidad previa a la muerte de las ideologías. ¿Qué es una ideología? Un esquema antihistórico de interpretación de la realidad que pronto queda desprovisto de actualidad y que termina forzando a hacer encajar la realidad con el esquema ideológico a martillazos. La actualidad siempre camina más rápida de lo que la ideología puede llegar a interpretarla. Por eso las ideologías han muerto y con ellas los partidos que las defendían. ¿Y usted que ideología tiene? Hombre, yo soy fascista. ¿Y usted? Socialista. ¿Y usted? Marxista, esto es falso socialista… Ya. Todo eso ha muerto, sólo que alguien no se ha enterado y pretende que es la regla universal: un partido – una ideología.

Si se desconoce el hecho de que las ideologías murieron ya a finales de los años 70 (fenómeno que algunos percibieron 10 años antes) y que desde entonces lo que hay son fórmulas políticas de gestión de un lado y concepciones del mundo de otro, pretender ahora resucitar o reconstruir o recrear ideologías, supone otra complicación añadida. Que por lo demás, choca con la incomprensión general, la falta de interés y la afición de la gente a poner la tele y no calentarse mucho la cabeza. ¿Y tú que ideología tienes? ¿yo? Soy del Atletic…

No es preciso definirse con una palabra la propia ideología porque ese tiempo en que era necesario sino imprescindible, ya ha muerto. De hecho, hoy un falso socialista no dice: “mea culpa, soy un falso socialista”, sino que dice “hombre, yo soy de centro-izquierda o yo soy socialdemócrata o simplemente yo estoy afiliado al partido socialista y además del Barça”…

Si se es coherente y se admite la muerte de las ideologías, sobra el buscar una definición ideológica concentrada en una palabra para expresar el propio bagaje doctrinal. Los que no creemos en las ideologías, no tenemos ese problema. Lo que el PSOE no puede aspirar es a traspasarnos su angustia vital y su no menos angustiosa solución.

EL GRAN INVENTO: EL SOCIAL-SOCIALISMO
El señor que me escribe y se autodefine como socialista, con orgullo de quien no duda de la razón de su sinrazón, nos cuenta: “Desde que algunos socialists impusimos la expresión socialismo-social queda claro de que estamos hablando y que incluye esa expresión”.

A ver si nos entendemos: ¿“social” es lo mismo que “socialismo” y “social-socialismo” es “socialismo-social”, sea lo que fuere que quiera decir?. Pues va a ser que no. Antes ya hemos dicho que si todo el socialismo es el reparto de la riqueza, todos somos socialistas, incluso los Rockefeller. Ahora resulta que toda política social es socialista. Esto, evidentemente, es confuso y, más que confuso, es una confusión. En realidad habría que haber llamado a esta corriente “socialismo-liberal”, más que socialismo-social. Aunque suena peor, claro está (pero ya puestos…). En el fondo, hay algo de indefinición en eso del “socialismo-social”… incluso Felipe Gonzalez, podría entrar en la definición de “socialismo-liberal”, pues no creo que el abogado fuera tan malvado de no defender una justa distribución de la riqueza tal como predicaba, este si, Leon XIII y siguientes….

“Socialismo-socialista”, además, es una palabra más liada que la pata de un romano. Y que no hay por donde cogerla, ni por lo de social, ni por lo de socialista. Vamos a ver, vamos a ver por que si no nos perdemos: ¿qué socialismo es ese? ¿Será Social? Y entonces, si es Social, ¿dónde dejamos al "socialsimo español"? Personalmente, me siento social, así que no tengo problema en admitir una definición de "los social", y además, dentro del actual momento histórico si hay algo que interesa no es priorizar lo "socialitas españoles ” sino pasar a una dimensión europea. Lo socialista-social, sin embargo, remite únicamente a esta España nuestra. Y el concepto posiblemente hubiera tenido lógica en los años 60 y 70, pero no en los 80, 90 y siguientes. Mucho menos tras la caída del Muro de Berlín en el que se hundió eso que, por cierto llamaban el “socialismo real” y que, a tenor de lo escrito por el señor que me escribe que se atodefine como "socialista" es el “socialismo real falso”… uff!

El término social-socialista es en sí mismo extraño. ¿Y usted que es? Mire, se lo voy a explicar, soy social-socialista… Pues anda y tómate algo. Aquí alguien se cree que con soltar un término que mil veces ha repetido para sus adentros y para los adentros de su organización, ese término va a ser entendido por alguien fuera de su círculo íntimo. El término me recuerda los discursos del general Primo de Rivera que prometía políticas sociales del copón en el contexto de discursos inflamados de ardor patrio.

Me suena rancio e incluso su pronunciación tiene aspectos contradictorios: la primera parte es de una sinuosidad serpentina (repitan conmigo: s-o-c-i-a-l, otra vez, más rápido: “sssocial”), casi meliflua, absolutamente lingual, mientras que la segunda parte tiene una rotundidad labial de ráfaga de CETME. Cualquier publicista novato desaconsejaría la utilización de un término que incluso en su misma pronunciación encierra un conflicto. Y, no bromeamos. Ironizar, un poco, bromear no. No es importante claro, pero hay nombres desaconsejados por las técnicas de marketing y publicidad.

Habría otras palabras para definir un área… pero serían más comprensibles, más accesibles, más próximas al vocabulario de la calle e incluso comprensibles por los medios. Y no se trata de eso: se trata de complicarlo todo hasta extremos que conducen directamente al sectarismo. Ya lo decía aquella vieja canción de marcha de la OJE: “Me gusta lo difícil, cuando empiezo a caminar”, cantada cinco segundos antes de estrellarse por un acantilado.

La tendencia de toda secta es a crearse un vocabulario propio, inaccesible para los demás. Para un colgao de cientología decir “trauma” sería demasiado fácil, se entendería, por eso dicen “engrama”, que ya es más opaco. Para esa misma alma cándida, decir “neurótico” no imprimiría carácter, así que en su jerga particular debe decir “preclaro”… y así sucesivamente. Si no nos entiende nadie, vamos por buen camino. No sea que alguien logre entendernos y entonces la hemos cagao definitivamente. Nada de decir, “hombre, yo me siento socialista nacido en España y eso de la justicia social mola”, no, ¿dónde vas? Hay que decir “somos socialistas, esto es socialistas-sociales”… Joder macho, cada vez me gustas más, por lo bien que te expresas. Sigo ironizando, por si no estaba claro.

RECAPITULACION Y PUNTO FINAL
Hasta ahora, la primera parte de la polémica,que espero sea la última, francamente, no creo que haya aportado grandes cosas a los lectores del blog.

Resumo:

- Un concepto equívoco: “socialismo”

- Una confusión terminológica: “lo social” por “el socialismo”

- Un término solo para “iniciados”: “socialista-social”

- Una falta de definición: todavía no sé si lo socialista cabe en los social o viceversa.

- Un concepto obvio convertido en inactual: el "socalismo-liberal”

Puestas así las cosas ¿Verdad que no vale la pena seguir debatiendo?

Releyendo estas líneas, no puedo dejar de evocar las eternas discusiones entre fracciones trotskystas en los años 70, interminables, bobaliconas y aburridas, aptas solo para iniciados de grado 33. Ahora entiendo porque nunca quise ser trostkysta de mayor. A mi que toda esta discusión me parece más propia de una secta que de un partido político…

1 comentario:

Anónimo dijo...

Madre mia.
Se ha ido calentito el señor en cuestión con tu respuesta.
Felicidades.