30/11/08

¿Es necesaria la regeneración democrática?

Un buen compañero, otro de los luchadores en busca de la regeneración democrática, un valor en auge y que defendemos desde UPyD, me manda un buen artículo de Javier Tusell, bajo el nombre de "La Regeneración de la democracia".

Voy a exponer aquí el texto íntegro, y me gustaria, desde estas líneas, abrir un debate público, sobre la opinión que tengáis, de si, de veras, existe la necesidad impetuosa de una regeneración democrática.

Desde mi punto de vista, ya sabéis que mi opinión en un SI. Categoriamente, creo y deseo una regeneración demócratica, una participación activa del ciudadano, y unas alternativas políticas nuevas, para que esto se refleje en una mayor calidad democrática, lejos del descenso democrático que actualmente vivimos, en gran parte prioducido por la partitocracia que han creado y por la falta, hasta ahora, de alternativas políticas reales.

Sin más rollos, aquí dejo el artículo. Que lo disfrutéis como yo lo he hecho.

Es cierto que hoy la democracia está en crisis, por lo menos hay que admitir que en todo el mundo parece existir un deseo creciente de reinventar, o por lo menos repensar ese sistema político. La democracia es el único sistema político defendible en el terreno intelectual y moral; más que una crítica a las instituciones de la democracia y a su funcionamiento, lo que hay en todo el mundo democrático es un profundo estado de perplejidad en las fuerzas políticas tradicionales.

Por un lado, los partidos comunistas han sufrido graves descalabros en la totalidad del mundo, por otro, a los partidos socialistas les ha sucedido lo propio. La pregunta que recorre en estos momentos el mundo es en qué consiste el socialismo o, para decirlo de un modo más beligerante, si éste no habrá perdido radicalmente su razón de ser. La propia derecha francesa, sus programas tampoco son muy precisos ni distintos de la izquierda. Hay, por tanto, un consenso en la democracia que se ve doblado por un estado de profunda perplejidad en las fuerzas políticas tradicionales.
El resultado actual ha sido la aparición de grupos políticos nuevos, algunos de ellos de corte neofascista. Lo que si se aprecia en la política europea de manera clara es un afán de experimentar con nuevas opciones políticas, muchas de ellas (por ejemplo, parte de los ecologistas) carecen de una visión global, centrándose tan sólo en un aspecto, siendo además irresponsables en sus propuestas. Es posible que estos evidentes defectos concluyan por hacer efímeros a estos partidos, pero no cabe negarles una influencia indudable durante algún tiempo e incluso la introducción de nuevas temáticas, como las medioambientales.

Este hecho de la aparición de nuevas fuerzas políticas nos descubre un aspecto esencial de esta apremiante necesidad de repensamiento de la democracia que surge en todas las latitudes.. El fenómeno más decisivo que se da en todas las latitudes es una sorda irritación contra la clase dirigente, contra toda ella, sea cual sea su significación, derechista o izquierdista. Si hay una tendencia a no acudir a las urnas y una conside­ración bajísima de la política como actividad es porque se piensa que los profesionales de la misma no están a la altura de las necesidades actua­les.
Los partidos apenas tienen afiliados y los que exis­ten ocupan cargos públicos. Su comportamiento es oligárquico en extre­mo y después de haberse desideologizado la política tienden a dividirse de modo infinito en camarillas que no tienen otra significación que la de una clientela personalista. La política se ha convertido en actividad para quienes carecen de una vida profesional brillante y quieren tener una cierta dimensión pública. Con ella se reciben privilegios, inmunidades y sueldos por encima de lo normal pero las preocupaciones y el lenguaje de los profesionales de la política están a años luz de los ciudadanos. Es indudable que a la política le hace falta savia nueva, los defectos de los profesionales de la política son cada vez más evidentes.

Hoy sabemos que la democracia no es sustituible por nada mejor, lo que hay que hacer es perfeccionarla. En teoría cualquier régimen democrático está, por su propia esen­cia, abierto a una transformación permanente. Lo cierto es, , que nos encontramos con un profundísimo anquilosamiento que hace imprescindible una regeneración de la Democracia. En definitiva la tarea que ante sí tiene en el momento presente la Humanidad es crear una democracia nueva y a la altura de las necesidades existentes.
En el fondo se trata de llevar a la práctica una idea -la de la Demo­cracia misma- que viene de lejos y que no se ha desarrollado de una manera completa. Hay, por tanto, que desarrollar todas sus potencialida­des, como de hecho se está intentando en todo el mundo; resulta imprescindible que los fundamentos de principio de la democracia estén robustamente instalados en la conciencia de todos.

Es de especial importancia la exigencia de un nivel ético especialmente estricto. No sólo es necesaria la existencia de códigos de conducta sino, sobre todo, de transparencia en cada uno de los aspectos en que la vida privada se encuentra con la pública.

Algo que parece cada vez más imprescindible es combatir las tendencias a la oligarquización que se da en la vida política y, en especial, en los partidos. En general ha de considerarse que la participación en la vida pública debe ser una preocupación de todos y la profesionalización en la política sólo puede ser temporal. Se tiene que evitar que los partidos (y lo mismo vale para los sindicatos) se conviertan en oligarquías encerradas en sí mis­mas. Por supuesto los partidos podrán seguir desempeñando un papel importante en el futuro, pero limitado (por ejemplo, no deberán poder cerrar y bloquear las listas de sus candidatos a puesto públicos).. Debe desaparecer de forma radical, como ya se hizo en Italia, la financiación pública de los partidos.. La política debe profesionalizarse en otro sentido, por completo distinto a aquel que tiene esta expresión en el momento actual. No tiene sentido, por ejemplo, que las autoridades en materia cultural sean cambiadas de acuerdo con la rotación de partidos en el poder. Ya hay países como Francia en que es habitual, ante los proble­mas políticos más graves, constituir autoridades administrativas inde­pendientes y que nada tienen que ver con los partidos: existe, por ejem­plo, una comisión nacional de Bioética. Cualquier experimento participativo debe ser considerado como positivo. En el momento actual existe ya la posibilidad de hacer consultas a todos los ciudadanos sobre las grandes cuestiones de, por ejemplo, la vida de una ciudad.

Una tercera realidad que es preciso tener muy en cuenta es el respeto por parte del ejecutivo de otras instancias diferentes: no sólo el parla­mento sino también la judicatura, los medios de comunicación o incluso los medios intelectuales y universitarios, que son otros tantos poderes cada vez mas autónomos. En vez de criticar su supuesto corporativismo los gobiernos debieran beneficiarse de la existencia de estos poderes y ellos mismos debieran ser capaces de alcanzar una respetabilidad gene­ralizada por la trayectoria propia.

En nuestro país se ha producido un brusco descenso del nivel de la vida pública desde la tran­sición hasta nuestros días, mientras que los partidos políticos ven la corrup­ción sólo en el adversario y no en el propio campo y por ello la convierten en arma electoral en vez de tratar de resolver el problema de una forma global para todos. la sensación que a veces da la campaña electoral de que se desenvuelve en medio de una lucha agónica en torno a la corrupción resulta engañosa. En la práctica hemos tomado mucha menor conciencia que otros países de este grave problema de la necesidad de regenerar el sistema democrático.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

La joven democracia española esta enferma. Su nacimiento, coincidente casi con la Constitución de 1978, era tremendamente esperada, después de casi cuarenta años de disctadura. El general Francisco Franco, al mando de la sublevación en 1936, nos robó la libertad constitucional ejercida libremente por el pueblo. Casi cuarenta años privados de libertad política y por supuesto, de progreso:
El progreso, nos dice el filósofo Fernando Savater, no es un destino en el que se cree sino un objetivo ilustrado al que se aspira y hacia el que se lucha por avanzar, en la incertidumbre de la realidad histórica. Será progreso cuanto favorezca un modelo de organización social en el que mayor número de personas alcancen más efectivas cuotas de libertad: es decir, son progresistas quienes combaten los mecanismos esclavizadores de la miseria, la ignorancia y la supresión autoritaria de procedimientos democráticos. Hablando el lenguaje que hoy resulta más próximo e inteligible, la sociedad progresa cuando amplía y consolida las capacidades de la ciudadanía. Ser progresista es no resignarse ni conformarse con las desigualdades de libertad que hoy existen, sino tratar de superarlas y abolirlas. Y es reaccionario cuanto perpetua o reinventa privilegios sociales, descarta los procedimientos democráticos en nombre de mayor justicia o mayor libertad de comercio, propala mitologías colectivas como si fuesen verdades científicas, etc…
España, hoy más que nunca, precisa de una nueva inyección progresista, bien entendida y no demagógica.

Anónimo dijo...

En mi opinión, el gran logro de la transición política, fue la Constitución de 1978, que consagra la igualdad de los ciudadanos ante la ley y el inicio de la modernidad política en España.
Hoy, treinta años después, no puede perderse por culpa de la avidez de unos políticos incapaces de resistirse al chantaje de pequeñas formaciones políticas (PNV,EE, CIU, etc.) y afrontar con responsabilidad de Estado la tarea de Gobierno.

Pepucho dijo...

Como simpatizante de UPyD, pienso que es acertado que este partido abra un rayo de esperanza en el desolado panorama político español. Se sabe que el camino a recorrer hasta que logre hacerse con un espacio de representación política en España va a estar plagado de trampas y que los medios de comunicación procurarán hacer el vacío –y cosas peores- a este nuevo partido, para seguir amparando y siendo amparados por la clase política en el poder.
No obstante esas dificultades, creo que es necesario y vale la pena intentarlo. La grave situación política en que se encuentra sumido el país hace más necesaria que nunca la presencia de una fuerza política con un discurso único, que promueva las mismas políticas generales en todo el territorio y asegure la libertad y la igualdad de todos los españoles, con independencia de la Comunidad en que residan.
Un partido, en fin, cuyos líderes tengan la valentía de denunciar y querer acabar con las graves desigualdades heredadas de fueros trasnochados y las nuevas que han empezado a tomar cuerpo de ley al incluirlas en los Estatutos de autonomía. Por si todo ello fuera poco, los nuevos Estatutos van a judicializar aún más la vida política, abriendo un sin fin de conflictos interminables entre CCAA y entre éstas y el Estado Central.
Me parece estupendo que UPyD haga bandera por la REGENERACIÓN DEMOCRÁTICA en España.

Pepucho dijo...

Aurelio Arteta, filósofo navarro y candidato por UPyD en esa provincia, sintetiza perfectamente lo que sería una buena regeneración democrática. En particular, destacaría:
1-. La conquista de varias igualdades políticas descuidadas: derechos electorales, derechos lingüísticos, derechos educativos.
2-. Cierre del mapa de las autonomías y la recuperación por el Estado de algunas competencias claves.
3-. Separación de poderes, reforma de órganos de la Justicia (Consejo del Poder Judicial, Tribunal de Cuentas...- hoy manipulados por los partidos-), reforma del Senado... Esto implica varias reformas desde la constitucional hasta la electoral, entre otras.

Anónimo dijo...

si tenemos una democracia firme, a que viene eso de regenerar la democracia. perdonad pero no lo entiendo. es otro tipo de democracia... no lo entiendo
gracias.

Pedro dijo...

Regenerar la democracia en cuanto a valores, esos valores que se han encargado de pisotear los políticos actuales.
Regenerar la democracia políticamente,dejando de lado los lastres y complejos tanto de la izquierda como de la derecha. Política del siglo XXI para el siglo XXI.
Regeneración democrática en cuanto a la participación, real, de los ciudadanos en dicha democracia. No sólo cada cuatro años.
Regeneració democrática en cuanto a realizar una política por y para el pueblo, independientemente de que una ídea fuera defendida o tachada de izquierdas o derechas.
Regenaración democrática en cuanto a la recuperación de la esencia de la democracia, lejos de la partitocracia o plutocracia que rige la actualidad.

Muchas cosas que regenerar.

Pepucho dijo...

En la búsqueda inquieta de regeneración de nuestra sociedad democrática, os voy a decir unos comentarios que aluden al estado actual de la economía en España y su ineludible transformación. Los he enumerado por capítulos, sin que ello signifique que puedan estar carrados a comentarios que, desde luego enriquecerá este blog tan estupendo de Pedro.
Regeneración democrática en economía
Capítulo 1
El actual modelo de gobierno socialdemócrata del PSOE hace aguas, pues no es realista con los verdaderos problemas que hoy tiene España.
· por un lado, el sector público, en el medida que “papá-Estado” aumenta el compromiso de asegurar a toda la población un nivel de ingresos y servicios. El resultado es el aumento desproporcionado de la carga tributaria, con lo que el gasto público se dispara al aumentar cuantitativamente el empleo público.
· Por otro lado, al alcanzar la carga tributaria altos niveles, los sistemas asistenciales conceden asignaciones relativamente altas, con lo que se opera un desincentivo al trabajo.

La sociedad española ha alcanzado tal grado de bienestar que llega a la situación de no generar más recursos. La fuerte presión tributaria, que continúa creciendo sobre la población económicamente activa, crea tensiones enormes, ya que se tienen que distribuir más beneficios entre más personas con los mismos recursos, con lo que, como consecuencia, empiezan a deteriorarse muchos servicios.

Cuál puede ser entonces el detonante para que la sociedad española busque un cambio en el rol del Estado. Sin lugar a dudas, los problemas larvados durante este periodo que podríamos llamar pseudosocialdemócrata, han desembocado en una pérdida continua de puestos de trabajo; la crisis, que comenzó en el sector privado, se expande rápidamente al sector público, al caer la tributación.

Cuales pueden ser entonces las nuevas propuestas que cambien el actual modelo socialdemócrata. Invariablemente, estas condiciones conducen a experimentar con nuevos modelos para organizar el área del bienestar social, aceptando diversas formas de privatización y desregulación del monopolio estatal. Sería algo así como una revolución de la libertad de elección, en el sentido de buscar una nueva relación de poder entre el Estado y la sociedad, que conduzca a importantes cambios políticos e ideológicos en la esfera nacional.

Y, como es lógico, ahora nos preguntamos: ¿cómo se puede transformar la sociedad de nuestro país?
Consecuentemente, la Nación se tiene que transformar de Estado maximalista en una sociedad del bienestar que se base en la participación creativa del sector privado, ciudadanía con poder de decisión y el Estado mismo. Se podría titular un Estado posibilitador porque habilita a que la gente elija en todos los aspectos de la vida.
Con este genoma social el Estado impulsa un modelo de privatizaciones y un estricto programa de saneamiento de las cuentas fiscales a través de la reducción del gasto público, lo que permitiría, sin duda, bajar la deuda pública y la carga tributaria.

Como colofón a esta síntesis de regeneración democrática en el sector económico y social, se puede discutir sobre cuál sería el rol del Estado en esta nueva sociedad.
El Estado tendría que rediseñar sus funciones. Sabedores de que el estado benefactor llegó a los límites de su expansión genera nueva búsqueda de soluciones alternativas que requieren involucrar al sector empresarial por un lado y a la sociedad civil por otro, de una manera totalmente nueva. El sistema tributario que hoy tenemos no es nada progresivo, es por así decirlo, casi plano. El problema central consistiría en transformar la financiación de la sociedad del bienestar, de modo de romper la camisa de fuerza que es la tributación, que no debe subir más, y permitir que se generen recursos genuinos.

Anónimo dijo...

El hecho de la aparición de UPyD como nueva fuerza política, nos descubre ahora un aspecto esencial de esta apremiante necesidad de repensamiento de la democracia en España. El fenómeno más decisivo que se da en todas las regiones es una sorda irritación contra la clase dirigente, contra toda ella, sea cual sea su significación, derechista o izquierdista, y en ello UPyD, como sabéis apunta transversalmente.
Si hoy hay una tendencia alarmante a no acudir a las urnas y una consideración bajísima de la política como actividad, es porque se piensa que los profesionales de la misma no están a la altura de las necesidades actuales.
Los partidos apenas tienen afiliados y los que existen ocupan cargos públicos. Su comportamiento es oligárquico en extremo y después de haberse desideologizado la política tienden a dividirse de modo infinito en camarillas que no tienen otra significación que la de una clientela personalista. La política se ha convertido en actividad para quienes carecen de una vida profesional brillante y quieren tener una cierta dimensión pública. Con ella se reciben privilegios, inmunidades y sueldos por encima de lo normal pero las preocupaciones y el lenguaje de los profesionales de la política están a años luz de los ciudadanos.
Es indudable que a la política le hace falta savia nueva, yo diría de color magenta, pues los defectos de los profesionales de la política son cada vez más evidentes.

Hoy sabemos que la democracia no es sustituible por nada mejor, lo que hay que hacer es perfeccionarla. En teoría cualquier régimen democrático está, por su propia esencia, abierto a una transformación permanente. Lo cierto es que nos encontramos con un profundísimo anquilosamiento que hace imprescindible una regeneración necesaria de la Democracia.
En definitiva la tarea que ante sí tiene en el momento presente la Humanidad es crear una democracia nueva y a la altura de las necesidades existentes.
En el fondo se trata de llevar a la práctica una idea -la de la Democracia misma- que viene de lejos y que no se ha desarrollado de una manera completa. Hay, por tanto, que desarrollar todas sus potencialidades, como de hecho se está intentando en todo el mundo; resulta imprescindible que los fundamentos de principio de la democracia estén robustamente instalados en la conciencia de todos.
pepucho.